En mi equipo nunca había tenido un objetivo más angular que un 24 mm. La focal que más utilizo habitualmente es mi clásico 35 mm. Sin embargo, por motivos laborales empecé a trabajar con objetivos ultra angulares y descubrí algo importante: su enorme ángulo de visión obliga a mirar y componer de otra manera.
Un ultra gran angular no consiste simplemente en conseguir que “quepan más cosas” dentro de la fotografía. Su verdadero interés aparece cuando comprendemos cómo modifica nuestra relación con el primer plano, las distancias y los bordes del encuadre.
Los objetivos pueden ofrecer ángulos de visión muy diferentes según su distancia focal y su diseño óptico. Por eso distinguimos habitualmente entre angulares, objetivos normales y teleobjetivos.
Conviene además distinguir entre lente y objetivo: una lente es uno de los elementos ópticos que puede formar parte del conjunto, mientras que el objetivo es el sistema completo que montamos en la cámara.
Dentro de los angulares encontramos los ultra angulares, caracterizados por ofrecer un campo de visión especialmente amplio. En el extremo aparecen los objetivos ojo de pez, capaces de alcanzar aproximadamente los 180º según su diseño y tipo de proyección.
En este artículo veremos cómo utilizar un objetivo ultra angular, qué errores son habituales y qué modelos pueden resultar interesantes según el tipo de fotografía que realizamos.

La distancia focal es uno de los parámetros que determina el ángulo de visión del objetivo. Cuanto menor es la focal, mayor suele ser el campo que podemos abarcar utilizando un mismo formato de sensor.
Características de los objetivos ultra angulares
Los objetivos no tienen propiedades mágicas capaces de separar o comprimir los planos por sí mismos. La perspectiva depende fundamentalmente de la posición de la cámara respecto a los elementos de la escena.
Cuando usamos un ultra angular solemos acercarnos más al sujeto para que ocupe un tamaño significativo dentro del encuadre. Esa reducción de la distancia es la que puede exagerar enormemente las diferencias de tamaño entre los elementos próximos y los situados al fondo.
Precisamente ahí encontramos una de sus mayores posibilidades creativas.

Los objetivos ultra angulares presentan varias características que conviene conocer:
- Amplio ángulo de visión. Permiten incluir una gran cantidad de escena. Los ojo de pez utilizan proyecciones que curvan las líneas, mientras que los ultra angulares rectilíneos buscan conservar rectas aquellas líneas que son rectas en la realidad.
- Gran profundidad de campo aparente. Con focales cortas resulta más fácil mantener simultáneamente nítidos elementos situados a diferentes distancias, especialmente cuando enfocamos a cierta distancia y cerramos el diafragma.
- Perspectiva muy marcada cuando nos acercamos. Un objeto situado cerca de la cámara puede adquirir un tamaño relativo enorme respecto al fondo. Esta característica puede ser un recurso creativo o convertirse en un problema si no controlamos bien el punto de vista.
Cómo trabajar con los objetivos ultra angulares
Para realizar este artículo trabajé durante varios meses con dos ultra angulares: el Laowa 10mm F2.8 Zero-D y el Samyang AF 14mm F2.8 FE, ambos utilizados con una cámara Full Frame Sony A7 III.
A primera vista puede parecer que estas focales están destinadas únicamente a paisaje y arquitectura. Sin embargo, cuando empezamos a comprender su perspectiva descubrimos aplicaciones en fotografía urbana, reportaje, interiores e incluso fotografía de personas.
Si vas a utilizar por primera vez uno de estos objetivos, hay varios aspectos especialmente importantes.
1. Trabajar con la cámara nivelada
El enorme ángulo de visión hace que cualquier inclinación de la cámara resulte muy evidente. Cuando apuntamos hacia arriba o hacia abajo, las líneas verticales pueden converger de una forma muy acusada.

Ese efecto puede utilizarse deliberadamente como recurso estético. Sin embargo, en arquitectura suele ser preferible mantener la cámara nivelada si buscamos una representación más natural de las líneas verticales.
Para controlarlo podemos utilizar el nivel electrónico de la cámara o trabajar con un buen trípode, especialmente cuando necesitamos realizar una composición precisa.

Podemos perder parte del dinamismo que proporciona una cámara inclinada, pero ganamos control sobre la geometría. En paisaje este problema suele ser menos crítico; en arquitectura puede resultar fundamental.
2. Controlar los planos y las distancias
Uno de los puntos fuertes del ultra angular puede convertirse también en su principal problema. Si colocamos un elemento muy cerca de la cámara, su tamaño relativo crecerá enormemente respecto al fondo.

Por eso resulta fundamental elegir bien el punto de vista, decidir qué elemento debe dominar la composición y vigilar qué ocurre en los bordes.
Una composición que funciona perfectamente con un 35 mm puede cambiar radicalmente cuando pasamos a 14 o 10 mm.

Las montañas, edificios u otros elementos lejanos pueden quedar visualmente reducidos si incluimos un primer plano demasiado dominante.
La solución no consiste en evitar siempre ese efecto. Al contrario: cuando queremos destacar un primer plano frente al fondo, el ultra angular puede ser una herramienta extraordinaria.
La clave está en decidir conscientemente qué debe mirar primero el espectador.
3. La limpieza es fundamental
Otra cuestión que se vuelve especialmente visible con estas focales es la suciedad del sensor y del elemento frontal.
Cuando fotografiamos paisaje solemos cerrar el diafragma para aumentar la profundidad de campo. Si además incluimos grandes superficies uniformes como el cielo, cualquier mota puede hacerse muy evidente.

Conviene llevar una perilla de aire y un paño de microfibra y revisar con frecuencia tanto el frontal del objetivo como el estado del sensor.
Qué objetivo ultra angular elegir
Durante años, muchos ultra angulares de altas prestaciones fueron objetivos grandes, pesados y caros. Actualmente existen alternativas muy diferentes según necesitemos máximo ángulo de visión, autofocus, poco peso o mayor versatilidad.
No existe un único “mejor” ultra angular para todo el mundo. Un 10 mm fijo y un zoom que comienza en 20 mm responden a necesidades completamente distintas.

Laowa 10mm F2.8 Zero-D: máxima amplitud para Full Frame
Uno de los objetivos que más me ha llamado la atención es el Laowa 10mm F2.8 Zero-D. Una distancia focal de 10 mm en una cámara de formato completo proporciona un ángulo de visión extraordinariamente amplio y está especialmente orientada a arquitectura, interiores y paisaje.
Su diseño óptico está formado por 15 elementos distribuidos en 9 grupos, entre ellos dos elementos asféricos y tres ED.
La versión autofocus está disponible para determinadas monturas mirrorless, mientras que otras versiones utilizan enfoque manual. Su apertura máxima F2.8 también amplía las posibilidades en interiores y fotografía nocturna.

Su distancia mínima de enfoque es de solo 12 cm, lo que permite acercarse mucho a elementos del primer plano y potenciar todavía más la perspectiva.
También permite utilizar filtros frontales de 77 mm, una característica especialmente práctica para paisaje.
Samyang AF 14mm F2.8 FE: un ultra angular más accesible
En mi equipo habitual también cuento con el Samyang AF 14mm F2.8 FE. Es una alternativa más económica y su focal de 14 mm continúa ofreciendo un ángulo de visión muy amplio en Full Frame.
Puede resultar especialmente interesante para quien quiere iniciarse en este tipo de fotografía sin llegar al planteamiento extremo de un 10 mm.
Su calidad de imagen resulta especialmente buena utilizando diafragmas intermedios y sigue siendo una focal muy válida para paisaje, arquitectura, interiores y fotografía nocturna.

Sigma 20-60mm F2.8-4 DG Contemporary: 20 mm con la versatilidad de un zoom
Existe además otro enfoque muy diferente. El nuevo Sigma 20-60mm F2.8-4 DG Contemporary no busca competir con un 10 o un 14 mm en amplitud extrema. Su propuesta consiste en incorporar un ultra gran angular de 20 mm dentro de un zoom Full Frame ligero y polivalente.
Esto puede resultar especialmente interesante para fotografía de viaje, paisaje, arquitectura, interiores y vídeo cuando no queremos llevar un ultra angular dedicado además de un zoom estándar.
La diferencia frente a muchos zooms que comienzan en 24 o 28 mm es importante. Los 20 mm permiten incluir considerablemente más escena cuando fotografiamos desde la misma posición, algo especialmente útil en habitaciones pequeñas, calles estrechas o paisajes amplios.
Al mismo tiempo, podemos avanzar hasta 60 mm para fotografiar detalles, escenas urbanas o determinados retratos sin cambiar de objetivo.

Su peso es de aproximadamente 375 g en Sony E y 385 g en L-Mount. Esta diferencia respecto a zooms profesionales más grandes puede ser importante durante viajes o jornadas largas.
Además, incorpora autofocus HLA y una capacidad de aproximación notable, llegando a una ampliación máxima de 1:2,3 a 35 mm.
Si quieres profundizar en qué aporta realmente comenzar un zoom en 20 mm, puedes consultar nuestro análisis del Sigma 20-60mm F2.8-4 para viaje.
También puedes consultar directamente la ficha del Sigma 20-60mm F2.8-4 DG Contemporary para Sony E y L-Mount.
¿10 mm, 14 mm o un zoom que empieza en 20 mm?
La elección depende de cuánto protagonismo tenga el ultra gran angular dentro de tu fotografía.
- 10 mm: para máxima amplitud, arquitectura, interiores extremos y composiciones donde la perspectiva sea parte esencial de la imagen.
- 14 mm: para seguir disfrutando de una perspectiva muy amplia con un manejo algo menos extremo.
- 20-60 mm: para quien prioriza viaje y versatilidad y quiere disponer de 20 mm sin llevar otro objetivo exclusivamente ultra angular.
No son sustitutos directos. Son tres formas diferentes de utilizar las focales cortas.
Otros problemas habituales al trabajar con un ultra angular
En fotografía de paisaje hay un detalle fácil de olvidar: la propia sombra del fotógrafo.
Cuando el sol está detrás de nosotros, el enorme campo de visión puede incluir nuestra sombra o la del trípode incluso cuando aparentemente están fuera del encuadre.

También conviene revisar siempre las cuatro esquinas antes de disparar. Con un campo tan amplio es fácil incluir accidentalmente ramas, personas, elementos urbanos u objetos que no habíamos visto inicialmente.
¿Necesito un objetivo ultra angular?
La respuesta depende de tu fotografía. Un ultra angular tiene una personalidad muy marcada y no necesariamente encaja con todos los estilos.
Si fotografías arquitectura, interiores, paisaje o espacios pequeños, disponer de una focal por debajo de 24 mm puede abrir posibilidades muy interesantes.
También puede ser una herramienta creativa en reportaje, fotografía urbana o retrato ambiental cuando entendemos cómo controlar la perspectiva.
Incluso en los smartphones, la cámara ultra gran angular se ha convertido en una herramienta habitual precisamente porque permite ofrecer una visión radicalmente distinta a la cámara principal.

El cine también ofrece numerosos ejemplos. Algunas escenas de La naranja mecánica (1971), dirigida por Stanley Kubrick y fotografiada por John Alcott, utilizan focales muy amplias para reforzar una estética inquietante. En Pobres criaturas, el trabajo de Robbie Ryan también demuestra hasta qué punto un gran angular extremo puede convertirse en una herramienta narrativa y no simplemente en una solución para fotografiar espacios amplios.
Algunos fotógrafos son reticentes a utilizar ultra angulares porque su estética resulta muy evidente. Sin embargo, después de trabajar con ellos durante bastante tiempo, creo que pueden convertirse en una herramienta extraordinaria cuando entendemos qué hacen y, sobre todo, qué no hacen.
Si buscas el máximo ángulo de visión, un 10 o 14 mm tiene mucho sentido. Si prefieres una solución más polivalente para viajar y quieres disponer de un verdadero ultra gran angular sin cambiar constantemente de óptica, el Sigma 20-60mm F2.8-4 DG Contemporary representa ahora una alternativa especialmente interesante.




